PISTETERO.

Nosotros lo hemos querido; y como Esquilo dice: «No son plumas de otro, sino nuestras».[484]

LA ABUBILLA.

¡Ea! ¿Qué debemos hacer?

PISTETERO.

Lo primero dar a la ciudad un nombre ilustre y pomposo; después ofrecer un sacrificio a los dioses.

EVÉLPIDES.

Opino lo mismo.

LA ABUBILLA.

Pues veamos el nombre que ha de ponérsele.