Nada te sucederá, no temas; vamos, mi buen amigo, descuélgate sin miedo invocando los dioses de la patria.[71]
FILOCLEÓN.
¡Oh Lico, mi señor, héroe vecino mío! Tú, como yo, te deleitas con las lágrimas perpetuas y los lamentos de los acusados; por oírlos, sin duda, has elegido ese lugar, siendo el único de los héroes que has querido vivir junto a los desgraciados: ¡ten compasión de mí y salva a este tu vecino fiel! Nunca, te lo juro, nunca mancharé tu verja de madera con ninguna inmundicia.[72]
BDELICLEÓN.
¡Eh, tú, alerta!
SOSIAS.
¿Qué ocurre?
BDELICLEÓN.
Oigo sonar una voz en torno mío.
SOSIAS.