EL INSPECTOR.
¡Ya me las pagarás! Te he de hacer condenar a diez mil dracmas de multa.
PISTETERO.
Yo haré pedazos tus urnas.
EL INSPECTOR.
¿Te acuerdas de aquella tarde en que hiciste tus necesidades junto a la columna de edictos?
PISTETERO.
Ea, echadle mano a ese. ¡Hola! parece que no te quedas.
EL SACERDOTE.
Marchémonos de aquí cuanto antes, y sacrifiquemos dentro el macho cabrío.