(Vanse todos.)
CORO.
Ya todos los mortales ofrecerán sus votos y sacrificios a mí que todo lo inspecciono y gobierno. Porque con mi vista abarco el mundo entero y conservo los frutos en flor, destruyendo las infinitas castas de animales que, en el seno de la tierra o en las ramas de los árboles, los devoran antes de que hayan brotado del tierno cáliz. Yo mato los insectos que corrompen con su fétido contacto los perfumados huertos; y todos los reptiles y venenosos sapos mueren al golpe de mis forzudas alas.
Hoy que se pregona principalmente este edicto: «El que matase a Diágoras Meliense,[522] recibirá un talento: el que matase a uno de los tiranos nuestros,[523] recibirá un talento», queremos nosotros promulgar también este decreto: «El que matare a Filócrates el pajarero, recibirá un talento; cuatro el que lo traiga vivo: él es quien ata los pinzones de siete en siete y los vende por un óbolo; él es quien atormenta a los tordos inflándolos para que parezcan más gordos; él atraviesa con plumas el pico de los mirlos; él reúne palomas y las encierra obligándolas a reclamar a otras y atraerlas a sus redes. Este es nuestro edicto: mandamos además que todo el que tenga aves encerradas en su patio, las suelte inmediatamente. El que no obedeciere será apresado por las aves, y servirá cargado de cadenas para señuelo de otros hombres.»
¡Oh raza afortunada la de las aves! ni en invierno tenemos necesidad de túnicas, ni en estío nos molestan los abrasadores rayos de un sol canicular. En los valles floridos, a la sombra del tupido follaje, hallo fresco reposo, mientras la divina cigarra, enfurecida por el calor del mediodía deja oír su agudo canto: cuevas profundas, en que jugueteo con las monteses ninfas, me abrigan en invierno; y en primavera, picoteo las blancas y virginales bayas del mirto, y saqueo los huertecillos de las Gracias.
Queremos decir a los jueces una palabra sobre el premio: si nos lo adjudican, les otorgaremos toda clase de bienes; bienes más preciosos que los que recibió el mismo Paris.[524] En primer lugar, cosa la más apetecida por todos los jueces, las lechuzas de Laurium[525] no os abandonarán jamás; habitarán dentro de vuestras casas, anidarán en vuestros bolsillos y empollarán en ellos pequeñas moneditas. Además vuestras habitaciones parecerán templos magníficos, porque elevaremos sus techos en forma de alas de águila.[526] Si conseguís una magistratura y queréis robar algo, armaremos vuestras manos con las garras veloces del azor. Y si vais a un banquete, os proveeremos de espaciosos buches. Pero si no nos adjudicáis el premio, ya podéis proveeros de sombrillas como las de las estatuas;[527] que el que no la lleve nos las pagará todas juntas. Pues cuando salga ostentando su túnica blanca, todas las aves se la mancharemos con nuestras inmundicias.
PISTETERO.
Aves, el sacrificio ha sido favorable; pero me extraña que no venga de la muralla ningún mensajero para anunciamos cómo va la obra. ¡Ah! Ahí viene uno corriendo sin aliento.[528]