PISTETERO.

¿Qué necesidad habrá ya de pagar operarios? Pero dime: ¿quiénes labraron las maderas necesarias?

MENSAJERO PRIMERO.

Los pelícanos, como habilísimos carpinteros, arreglaron con sus picos las jambas de las puertas: cuando desbastaban las maderas, se oía un ruido parecido al de los arsenales. Ahora está ya todo cerrado con puertas y cerrojos y cuidadosamente guardado: las rondas recorren el recinto con sus campanillas: hay centinelas en todas partes, y antorchas en las torres. Pero yo corro a lavarme: a ti te toca terminar la obra.


CORO.

Vamos, ¿qué haces? ¿Te admiras de la prontitud con que el muro ha sido construido?

PISTETERO.

Sí por cierto; la cosa es digna de admiración; parece una fábula. Pero ahí viene uno de los centinelas de la ciudad con marcial continente.