PISTETERO.
¿Por qué no habéis lanzado en seguida guardias en su persecución?
MENSAJERO SEGUNDO.
Hemos enviado tres mil azores, arqueros de caballería: todas las aves de ganchudas uñas, cernícalos, gerifaltes, buitres, águilas y gavilanes vuelan en su busca, haciendo resonar el aire con el rápido batir de sus alas. El dios no debe estar lejos; si no me engaño, helo ahí.
PISTETERO.
¡Armémonos de la honda y el arco! Aquí, mis amigos; disparad todos vuestras saetas; dadme una honda.
CORO.
Declárase una guerra, una guerra nefanda entre nosotros y los dioses. Hijos del Erebo, guardad cuidadosos el aire y las nubes que le entoldan para que ningún dios las atraviese: vigilad todo el circuito. Ya se oye cerca un ruido de alas, como el de un inmortal cuando vuela.
(Iris aparece volando y es detenida.)