EL PARRICIDA.

Por eso he emigrado a esta región; deseo estrangular a mi padre para heredar todos sus bienes.

PISTETERO.

Pero tenemos también otra ley inscrita en la columna de edictos de las cigüeñas: «Cuando la cigüeña haya criado sus hijos y los haya puesto en disposición de volar, estos tendrán a su vez obligación de alimentar a sus padres.»

EL PARRICIDA.

¡Pues bastante he ganado con venir, si tengo que sostener a mi padre!

PISTETERO.

No, no; ya que con tan benévolas intenciones has acudido a nosotros, te emplumaré como conviene a un pájaro huérfano.[550] Además, pobre joven, te daré un buen consejo que aprendí en mi niñez. No maltrates a tu padre; coge esta ala en una mano y ese espolón en la otra; figúrate que tienes una cresta de gallo, y haz guardias, vete a la guerra, vive de tu estipendio, y deja en paz a tu padre. Ya que eres tan belicoso, dirige tu vuelo a Tracia,[551] y combate allí.

EL PARRICIDA.

¡Por Baco! Tu consejo me parece excelente, y lo seguiré.