EL DELATOR.
¿Luego las palabras dan alas?
PISTETERO.
Ya te he dicho que sí: ellas elevan el espíritu, y levantan al hombre. He ahí por qué con mis útiles consejos pretendo yo levantar tu vuelo a una profesión más honrada.
EL DELATOR.
Pero yo no quiero.
PISTETERO.
¿Pues qué harás?
EL DELATOR.
No quiero desmerecer de mi raza: el oficio de delator está vinculado a mi familia. Dame, pues, rápidas y ligeras alas de gavilán o cernícalo, para que, en cuanto haya citado a los isleños, pueda regresar a Atenas a sostener la acusación, y volar en seguida a las islas.