PISTETERO.
¡Oh, querido Prometeo!
PROMETEO.
¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡No grites!
PISTETERO.
¿Qué ocurre?
PROMETEO.
¡Silencio! No pronuncies mi nombre; soy perdido si Júpiter me llega a ver aquí. Si me cubres la cabeza con esta sombrilla, para que no me vean los dioses, te contaré todo lo que pasa en el Olimpo.
PISTETERO.
¡Ah, ja, ja! Idea excelente y digna de Prometeo. Métete pronto aquí debajo, y habla sin temor.