Si no lo sueltas, te clavaré el aguijón.

FILOCLEÓN.

Heroico Cécrope,[78] rey nuestro, cuyo cuerpo termina en dragón, ¿consentirás que así me traten estos bárbaros, a quienes he enseñado a llevar su quénice con cuatro medidas de lágrimas?[79]

CORO.

¡Qué temibles males afligen a la vejez! Ahora esos dos bribones sujetan a viva fuerza a su anciano señor, y no se acuerdan de las pieles y pequeñas túnicas que les compró en otro tiempo, ni de las monteras de piel de perro, ni del cuidado que tenía para que en el invierno no se les enfriasen los pies; pero en su impudente mirada no se ve el menor agradecimiento por los viejos zapatos.

FILOCLEÓN.

¿No me soltarás, bestia feroz? ¿No te acuerdas de cuando te sorprendí robando uvas y te até a un olivo y te vapuleé de lo lindo, hasta el punto de que daba envidia verte? — Pero eres un ingrato, suéltame tú; y tú también, antes de que venga mi hijo.

CORO.

Pronto y bien vais a pagar vuestro atrevimiento; así comprenderéis, bribones, que os las habéis con hombres justicieros, iracundos, de terrible mirada.

BDELICLEÓN.