CORO.

En el país de los Esciápodas[573] hay un pantano donde evoca los espíritus el desaseado Sócrates; allá fue también Pisandro,[574] pidiendo ver su alma que le había abandonado en vida; traía un camello por víctima en vez de un cordero, y cuando lo degolló, dio un paso atrás como Ulises:[575] después Querefonte,[576] el murciélago, subió del Orco para beber la sangre.


NEPTUNO.

Estamos a la vista de Nefelococigia, a cuya ciudad venimos. (Al Tríbalo.) ¡Eh, tú! ¿Qué haces? ¿Te echas el manto sobre el hombro izquierdo? ¿No lo cambias al derecho?[577] ¡Cómo, desdichado!, ¿tendrás el mismo defecto que Lespodias?[578] ¡Oh democracia! ¿A dónde vamos a parar? ¡Verse los dioses obligados a elegir semejante embajador!

EL TRÍBALO.

Déjame en paz.

NEPTUNO.

¡Peste de estúpido! No he visto dios más bárbaro. Dime, Hércules, ¿qué haremos?