SEMICORO.

¡Atrás! ¡A la derecha! ¡A la izquierda! ¡Adelante![591] ¡Revolotead en torno de ese mortal feliz, que la fortuna colme de sus bienes! ¡Ah! ¡Qué gracia! ¡Qué hermosura! ¡Oh matrimonio dichoso para esta ciudad! ¡Gloria a ese hombre! Él ha abierto nuevos e inmensos horizontes a las aves. Saludadle con el canto nupcial; saludad también a su esposa la Soberanía.

SEMICORO.

Entre semejantes himnos enlazaron las Parcas a la olímpica Juno con el rey de los dioses, de sublime trono. ¡Oh Himeneo! ¡Himeneo! El sonrosado Amor de áureas alas tenía las riendas y dirigía el carro en las bodas de Júpiter y la celeste Juno. ¡Oh Himeneo! ¡Himeneo!

PISTETERO.

Me deleitan vuestros himnos, me complacen vuestros cantos, me hechizan vuestras palabras. Celebrad ahora el mugir de los truenos subterráneos, los relámpagos brillantes del nuevo Júpiter, y sus terribles y deslumbradores rayos.

CORO.

¡Oh áureo fulgor del relámpago! ¡Oh dardos inflamados de Júpiter! ¡Oh mugidos subterráneos y retumbantes truenos, nuncios de la lluvia! En adelante, por orden de nuestro rey, haréis temblar la tierra. A la posesión de la bella Soberanía debe este poder inmenso. ¡Oh Himeneo! ¡Himeneo!

PISTETERO.