No, esperemos un poco a que lleguen las mujeres beocias y peloponesias.
MIRRINA.
Tienes razón: mira, ahí viene Lámpito.
LISÍSTRATA.
Salud, Lámpito, mi querida lacedemonia. ¡Qué bella eres, dulcísima amiga! ¡Qué buen color! ¡Qué robustez! Podrías estrangular un toro.
LÁMPITO.[602]
Ya lo creo, por los Dióscuros;[603] como que hago gimnasia, y me doy con los talones en las nalgas.[604]
LISÍSTRATA.
¡Oh qué turgente seno!