MIRRINA.
Sí, por las dos diosas, aunque tuviese que dar en prenda mi vestido y beberme el dinero el mismo día.[611]
CALÓNICE.
Pues yo, aunque me tuviese que dejar partir en dos, como un rodaballo, y dar la mitad de mí misma.[612]
LÁMPITO.
Yo subiría a la cumbre del Taigeto,[613] si allí hubiese de ver a la Paz.
LISÍSTRATA.
Pues bien, os lo diré: ya no hay para qué ocultaros nada. Oh mujeres, si queremos obligar a los hombres a hacer la paz, es preciso abstenernos...
MIRRINA.
¿De qué? Habla.