LISÍSTRATA.

¿Eso dices, mi valiente rodaballo? ¿Tú que hace un instante te dejabas partir en dos?

CALÓNICE.

Sí, todo menos eso. Mándame si quieres andar entre llamas. Pero, querida Lisístrata, semejante abstinencia... ¡Eso a nada puede compararse!

LISÍSTRATA.

¿Y tú?

MIRRINA.

También yo prefiero andar entre llamas.

LISÍSTRATA.

¡Oh sexo disoluto! ¡Y luego nos admiraremos de ser maltratadas en las tragedias! Solo servimos para el amor.[615] Pero, querida lacedemonia, secunda mis proyectos; que como tú me ayudes, aún podremos salvarlo todo.