¡Oh desdicha! mis arqueros me abandonan. ¡Cómo! ¿Nos dejaremos vencer por unas mujeres? Adelante, escitas, estrechad vuestras filas, y acometedlas.

LISÍSTRATA.

¡Por las diosas, os las vais a ver con cuatro valientes batallones de mujeres bien armadas que tengo adentro!

EL MAGISTRADO.

¡Escitas, atadles las manos!

LISÍSTRATA.

Salid, valientes compañeras; vendedoras de legumbres, puches, ajos y verduras; panaderas y taberneras, derribadlos, pegadles, desgarradlos; multiplicad vuestros insultos; haced gala de desvergüenza.[652] Basta, retiraos; no despojéis a los vencidos.

EL MAGISTRADO.

¡Ah, qué mal lo han pasado mis arqueros!

LISÍSTRATA.