¿Pues qué se te figuraba? ¿Creías que te las ibas a haber con unas esclavas? ¿Piensas que no hay valor en las mujeres?

EL MAGISTRADO.

Sí, sí, demasiado valor; sobre todo cuando están cerca de la taberna.

CORO DE VIEJOS.

¡Magistrado, estás perdiendo el tiempo en palabras! ¿A qué entras en contestaciones con esas fieras? ¿Ignoras el baño sin lejía que acaban de darnos, estando completamente vestidos?

CORO DE MUJERES.

Es que, amigo mío, a nosotras nadie nos sienta así como así la mano: hazlo, y verás cómo te salto un ojo. A mí me gusta estarme encerrada en casa, como una doncellita, sin hacer mal a nadie, ni siquiera menear una paja; pero como alguno me irrite, soy una avispa.

CORO DE VIEJOS.

¡Oh Júpiter! ¿Qué haremos con estas fieras? ¡Esto es insoportable! (Al Magistrado.) Te es preciso averiguar con nosotros la causa de este mal, y lo que pretenden al apoderarse de la ciudadela de Cranao, de esa fortaleza inaccesible, y su venerado templo. Interrógales y no las creas; pero reúne todos los indicios. Sería vergonzosa negligencia no esclarecer tan importante asunto.

EL MAGISTRADO.