Lo primero que deseo que me digáis es la intención con que os habéis encerrado en la ciudadela.

LISÍSTRATA.

Con la de poner a salvo el tesoro y evitar la causa de la guerra.

EL MAGISTRADO.

Pues qué, ¿el dinero es la causa de la guerra?

LISÍSTRATA.

Y de todos los demás desórdenes. Pisandro[653] y otros ambiciosos amotinan continuamente las turbas, sin más objeto que el de robar a favor de la confusión. Ahora, ya pueden hacer lo que se les antoje; porque lo que es de este dinero no han de tocar ni un óbolo.

EL MAGISTRADO.

¿Pues qué harás?

LISÍSTRATA.