¡Por las diosas! Si me irritas, suelto las riendas a mi cólera, y te doy una tunda que te obligo a pedir socorro a tus vecinos. Amigas mías, quitémonos también nosotras los vestidos: perciban esos carcamales el olor a mujer enfurecida. Si alguno se acerca a mí, yo le aseguro que no ha de comer más ajos ni habas negras. ¡Di una sola palabra! Estoy furiosa y te trataré como el escarabajo al nido del águila. Ningún temor me dais mientras a mi lado estén Lámpito y mi querida Ismenia, noble tebana. Aunque des siete decretos, no podrás con nosotras, ¡miserable, detestado por tus vecinos y por todo el mundo! Ayer mismo, para celebrar la fiesta de Hécate, quise traer de la vecindad una muchacha buena y amable, muy querida por mis hijos, una anguila de Beocia,[673] y se negaron a enviármela por tus malditos decretos. Y nunca cesaréis de hacerlos, hasta que alguno os coja por las piernas y os precipite cabeza abajo.
(A Lisístrata.) Directora de esta noble empresa,[674] ¿por qué sales tan triste de tu morada?
LISÍSTRATA.
La indigna conducta de las mujeres, su inconstancia verdaderamente femenil, eso es lo que me agita y llena de angustia.
CORO DE MUJERES.
¿Qué dices, qué dices?
LISÍSTRATA.
La verdad, la verdad.
CORO DE MUJERES.