EL ATENIENSE.

Sí, sí, volando.


CORO DE MUJERES.

Tapices bordados, túnicas preciosas, vestidos rozagantes, vasos de oro, todo cuanto tengo os lo ofrezco de buena voluntad para que lo lleven vuestros hijos, o vuestra hija, si llega a ser canéfora. A todos os digo que dispongáis de mis riquezas y cojáis en mi casa cuanto os agrade: de todo, por bien sellado que se encuentre, podéis apoderaros rompiendo su cerradura. Mas por mucho que miréis no veréis nada, a menos de que vuestros ojos sean más perspicaces que los míos. El que no tenga comida para sus esclavos o numerosa prole, encontrará en mi casa trigo molido y un enorme pan de un quénice. Todos los pobres pueden acudir a mí con sacos y alforjas para recibir granos. Manes, mi esclavo, se lo dará. Sin embargo, que nadie se acerque a mi puerta; cuidado con el perro.


UN CURIOSO.

Abre la puerta.

UN CRIADO.

Retírate. ¿Qué hacéis vosotros ahí? ¿Queréis que os abrase con esta lámpara? ¡Qué gente tan molesta!