Mejor que en ayunas. ¿No has oído decir a todo el mundo que, cuando los testigos mienten, los jueces solo pueden comprender el asunto a fuerza de rumiarlo?
FILOCLEÓN.
Me has convencido. Mas aún no me has dicho quién me pagará los honorarios.
BDELICLEÓN.
Yo.
FILOCLEÓN.
Bueno, así recibiré yo solo mi paga, y no en compañía de otro: porque hace poco ese bufón de Lisístrato[124] me jugó la más mala pasada que puede imaginarse. Había recibido un dracma para los dos, y fuimos a la pescadería, donde lo cambio en monedas de cobre;[125] luego, en vez de darme mi parte, me puso en la mano tres escamas; yo, creyendo que eran tres óbolos, las escondí en la boca; pero ofendido por el olor las arrojé en seguida y le cité a juicio.
BDELICLEÓN.
¿Y qué dijo?
FILOCLEÓN.