FILOCLEÓN.[202]

Dejadme: marchaos. Voy a dar que sentir a algunos de los que se obstinan en perseguirme. ¿Os largaréis, bribones? Si no, os tuesto con esta antorcha.

BDELICLEÓN.

A pesar de tus baladronadas juveniles, te juro que mañana nos has de pagar tus atropellos. Vendremos en masa a citarte a juicio.

FILOCLEÓN.

¡Ja, ja! ¡A citarme! ¡Qué vejeces! ¿No sabéis que ya ni puedo oír hablar de pleitos? ¡Ja, ja! Ahora tengo otros gustos: tirad las urnas. ¿No os vais? ¿Dónde esta el juez? Decidle que se ahorque. (A la cortesana.) Sube, manzanita de oro, sube agarrada a esta cuerda; cógela, pero con precaución, que está algo gastada; sin embargo aún le gusta que la froten. ¿No has visto con qué astucia te he sustraído a las torpes exigencias de los convidados? Debes probarme tu gratitud. Pero no lo harás, demasiado lo sé; ni siquieras lo intentarás; me engañarás y te reirás en mis narices como lo has hecho con tantos otros. Oye, si me quieres y me tratas bien, cuando muera mi hijo me comprometo a sacarte del lupanar y tomarte por concubina, amorcito mío. Ahora no puedo disponer de mis bienes; soy joven y me atan corto: mi hijito no me pierde de vista; es gruñón, insoportable y tacaño hasta partir en dos un comino y aprovechar la pelusilla de los berros. Su único miedo es el que me eche a perder, pues no tiene más padre que yo. Pero ahí está. Se dirige apresuradamente hacia nosotros. Hazle frente. Coge esas teas. Voy a jugarle una partida de muchacho, como él a mí antes de iniciarme en los misterios.

BDELICLEÓN.

¡Hola, hola, viejo verde! Parece que nos gustan los lindos ataúdes. Mas lo juro por Apolo, no harás eso impunemente.

FILOCLEÓN.

¡Ah! tú te comerías a gusto un proceso en vinagre.