¿No sería ridículo ver a Jantias, a un esclavo, tendido sobre tapices de Mileto, acariciar a una bailarina y pedirme el orinal, mientras yo le miraba arrascándome,[266] expuesto a que ese bribón me saltase de un puñetazo los dientes de delante?
TABERNERA PRIMERA.
¡Platana! ¡Platana![267] Ven acá. Ese es aquel canalla que entró un día en nuestra taberna y se nos comió dieciséis panes.
TABERNERA SEGUNDA.
Justamente. El mismo.
JANTIAS.
Esto va mal para alguno.
TABERNERA PRIMERA.
Y además veinte tajadas de carne cocida, de a medio óbolo cada una.