JANTIAS.

Alguno lo va a pagar.

TABERNERA PRIMERA.

Y ajos sin cuento.

BACO.

Tú deliras, mujer; no sabes lo que te dices.

TABERNERA PRIMERA.

¿Creías que no te iba a conocer porque te has puesto coturnos?[268] Pues aún no he dicho nada de aquella enormidad de pescados.

TABERNERA SEGUNDA.

Ni de aquel queso fresco que se me tragó, ¡pobre de mí!, con cesto y todo; y cuando le exigí el pago me lanzó una mirada feroz y empezó a mugir.