Alguien se lamenta.
BACO.
«... Que reina sobre los promontorios del Egeo, o sobre el salado abismo del cerúleo mar.»[280]
ÉACO.
Por Ceres, no puedo conocer cuál de vosotros es dios. Entrad; mi amo y Proserpina, que son también dioses, os podrán reconocer.
BACO.
Tienes razón. Pero eso debía de habérsete ocurrido antes de azotarme.
CORO.[281]
Musa, asiste a nuestros sagrados coros; ven a deleitarte con mis versos y a contemplar esa infinita muchedumbre, entre la cual hallarás muchos hábiles ciudadanos más noblemente ambiciosos que ese Cleofón,[282] de cuyos gárrulos labios se escapa incesantemente un sonido ingrato, como el de la golondrina de Tracia, posada sobre un ramo en aquella bárbara región: ahora grazna ya los lamentables cantos del ruiseñor, porque va a morir, aun cuando en la votación resulte empate.[283]