Justo es que el sagrado coro dé a la república consejos y enseñanzas. Nuestra primera atención debe ser establecer la igualdad entre los ciudadanos y librarlos de temores; después, si alguno faltó, engañado por los artificios de Frínico,[284] creo que debe permitírsele defenderse y justificarse, pues es vergonzoso que a los que tomaron parte una vez en una batalla naval[285] los equiparéis a los Plateenses, convirtiéndolos de esclavos en señores. No es que yo halle esto censurable; al contrario, lo aplaudo y pienso que es lo único en que estuvisteis acertados; pero entiendo que sería igualmente justo que los que tantas veces, lo mismo ellos que sus padres, pelearon en el mar con nosotros y nos están unidos por su nacimiento, obtuvieran el perdón de su única falta.[286] Aplacad, pues, un poco vuestra indignación, discretísimos atenienses, y procuremos que cuantos combatieron en nuestras galeras formen una sola familia, y alcancen con su rehabilitación el pleno goce de los derechos de ciudadanos: el mostrarnos tan altivos y soberbios en la concesión de la ciudadanía, sobre todo ahora que fluctuamos a merced de las olas,[287] es una imprudencia de que en el porvenir nos arrepentiremos. Si soy hábil en conocer la vida y costumbres de los que habrán de arrepentirse de su conducta, me parece que no está lejos la hora del castigo del pequeño Clígenes,[288] ese mico revoltoso que es el peor de cuantos bañeros mezclan a la ceniza falso nitro y tierra de Cimolia.[289] Él ya lo conoce; y por eso va armado siempre de un grueso garrote, receloso de que, al encontrarle ebrio, le despojen de sus vestidos.

Muchas veces he notado que en nuestra ciudad sucede con los buenos y malos ciudadanos lo mismo que con las piezas de oro antiguas y modernas. Las primeras no falsificadas, y las mejores sin disputa, por su buen cuño y excelente sonido, son corrientes en todas partes entre griegos y bárbaros, y sin embargo no las usamos para nada, prefiriendo esas detestables piezas de cobre, recientemente acuñadas, cuya mala ley es notoria.[290] Del mismo modo despreciamos y ultrajamos a cuantos ciudadanos sabemos que son nobles, modestos, justos, buenos, honrados, hábiles en la palestra, en las danzas y en la música, y preferimos para todos los cargos a hombres sin vergüenza, extranjeros, esclavos, bribones de mala ralea, advenedizos que antes la república no hubiera admitido ni para víctimas expiatorias. Ahora, pues, insensatos, mudad de costumbres y utilizad de nuevo a las gentes honradas, pues de esta suerte, si os va bien, seréis elogiados, y si algún mal os resulta, al menos dirán los sabios que habéis caído con honra.


ÉACO.

¡Por Júpiter salvador, tu amo es todo un excelente sujeto!

JANTIAS.

¿Un excelente sujeto? Ya lo creo, no sabe más que beber y amar.

ÉACO.

Lo que me asombra es que no te haya castigado por haberte fingido el amo siendo el siervo.

JANTIAS.