¡Sí, le conozco hace tiempo! ¡Y conozco también sus caracteres feroces, y su lenguaje altivo, desenfrenado, desmedido, sin regla, enfático y cuajado de palabras hinchadas y vacías!

ESQUILO.

¿Y eres tú, hijo de una rústica diosa,[296] tú, colector de necedades, fabricante de mendigos y remendón de andrajos, quien se atreve a decirme...? Pero tu audacia no ha de quedar impune.

BACO.

Basta, Esquilo; no te dejes arrebatar por la ira.

ESQUILO.

No callaré sin haber demostrado hasta la evidencia lo que vale ese insolente con todos sus cojos.[297]

BACO.

¡Esclavos, traed una oveja, una oveja negra,[298] pues la tempestad va a estallar!

ESQUILO.