¿No te avergüenzas de tus monólogos cretenses, y de los incestuosos himeneos que has introducido en el arte trágico?[299]

BACO.

Modérate, venerable Esquilo. — Tú, mi pobre Eurípides, déjate de temeridades y escapa de esta granizada, no te acierte en la sien con alguna de esas grandiosas palabras que haga saltar a tu Télefo. — Vamos, Esquilo, calma; no discutas con esa furia. Los poetas no deben injuriarse como si fuesen panaderas; tú gritas desde el principio, como una encina a la que se prende fuego.

EURÍPIDES.

Estoy dispuesto a luchar; yo no retrocedo: lo mismo me da atacar, que ser atacado; admito discusión sobre cuanto quiera; sobre los versos, el diálogo, los coros, el nervio trágico, el Peleo, el Eolo, el Meleagro, y hasta sobre el mismo Télefo.[300]

BACO.

¿Y tú, Esquilo, qué piensas hacer?

ESQUILO.

Yo no hubiera querido combatir aquí; pues entre los dos la lucha es desigual.

BACO.