Por charlatanismo; así, el espectador esperaba sin moverse a que Níobe hablase algo, y mientras, el drama iba adelante.

BACO.

¡Malvado! ¡Cómo me engañaba! (A Esquilo.) ¿Por qué te agitas e impacientas?

EURÍPIDES.

Porque le confundo. Después de haberse pasado la mitad de la tragedia con estas vaciedades, soltaba una docena de palabrotas campanudas, muy fruncidas de entrecejo y empenachadas, verdaderos espantajos que aterraban a los espectadores asombrados.

ESQUILO.

¡Oh rabia!

BACO. (A Esquilo.)

¡Silencio!

EURÍPIDES.