Y si tú, lejos de obrar así, los has hecho malísimos, de nobles y buenos que eran antes, ¿cuál castigo merecerás?
BACO.
La muerte; no lo preguntes.
ESQUILO.
Pues bien, mira cómo te los dejé yo: valientes, de elevada estatura,[318] sin rehuir las públicas cargas,[319] no holgazanes, charlatanes y bribones como los de hoy, sino apasionados por las lanzas, las picas, los cascos de blancas cimeras, las grebas y corazas, verdaderos corazones de hierro, defendidos por el séptuple escudo de Áyax.[320]
EURÍPIDES.
El mal va en aumento: me va a aplastar bajo el peso de tantas armas.
BACO.
¿Y cómo conseguiste hacerlos tan valientes? Responde, Esquilo, y modera tu arrogante jactancia.
ESQUILO.