Así he conseguido perfeccionar la inteligencia de los hombres, introduciendo en mis dramas el raciocinio y la meditación; de suerte que ahora todo lo comprenden y penetran, y han llegado a administrar mejor que antes sus casas, inspeccionándolo todo, y diciendo: «¿En qué anda tal asunto? ¿Dónde está tal cosa? ¿Quién ha cogido esta otra?»

BACO.

Es verdad; ya en cuanto un ateniense entra en su casa llama a sus esclavos y les pregunta: «¿Dónde está la olla? ¿Quién se ha comido la cabeza de sardina? El plato que compré el año pasado ¿ha fenecido? ¿Dónde está el ajo de ayer? ¿Quién ha mordisqueado la aceituna?»[315] Y antes se estaban hechos unos bobos, con la boca abierta, como imbéciles papanatas.

CORO.

«Tú lo ves, ínclito Aquiles.»[316] Vamos, ¿qué dices tú a todo eso? Procura que la ira no te arrastre más allá de la meta, pues te ha dicho cosas terribles. Noble Esquilo, no le respondas con ferocidad, recoge tus velas y deja solo algunos cabos a merced de los vientos; dirige con circunspección tu nave, y no avances hasta conseguir una brisa leda y apacible. Vamos, tú que fuiste el primero de los griegos en dar pompa[317] y elevación al estilo exornando la Musa trágica, abre atrevidamente tus esclusas.

ESQUILO.

Esta lucha me enfurece; solo al considerar que tengo que disputar con él, hierve mi bilis. ¡Mas que no crea haberme vencido! Respóndeme: ¿qué es lo que se admira en un poeta?

EURÍPIDES.

Los hábiles consejos que hacen mejor a los ciudadanos.

ESQUILO.