Sin género de duda. ¿Dejaré de oír porque esté cardando? Tengo a mis hijitos desnudos.
PRAXÁGORA.
¡Esta quiere cardar cuando es preciso no dejar ver a los asistentes ninguna parte de nuestro cuerpo! ¡Estaría bonito que en medio de la multitud una de nosotras se lanzase a la tribuna, y se dejase ver al natural![422] Por el contrario, si envueltas en nuestros mantos ocupamos los primeros puestos, nadie nos reconocerá; y si además sacamos fuera del embozo nuestras soberbias barbas y las dejamos extenderse sobre el pecho, ¿quién será capaz de no tomarnos por hombres? Agirrio,[423] gracias a la barba de Prónomo,[424] engañó a todo el mundo: antes era mujer, y ahora, como sabéis, ocupa el primer puesto en la ciudad. Por tanto, yo os conjuro por el día que va a nacer, a que acometamos esta audaz y grande empresa para ver si logramos apoderarnos del gobierno en pro de la república; porque al presente ni a remo ni a vela se mueve la nave del Estado.
MUJER SÉPTIMA.
¿Pero cómo podrán encontrarse oradores en una junta de mujeres?
PRAXÁGORA.
Nada más fácil. Es cosa corriente que los jóvenes más disolutos sean en general los de mejor palabra; y, por fortuna, esta condición no nos falta a nosotras.
MUJER SÉPTIMA.
No sé, no sé; la inexperiencia es peligrosa.
PRAXÁGORA.