EL HOMBRE.

¿Pero estás haciendo sogas?[454] Ya es hora de ir a la asamblea; pero tengo que hallar mi manto, pues no tengo más que uno.

BLÉPIRO.

Yo también, en cuanto acabe. Una maldita pera silvestre me obstruye la salida.

EL HOMBRE.

Será la misma que se le atravesó a Trasíbulo[455] con motivo de los lacedemonios.

BLÉPIRO.

¡Por Baco, no hay quien la arranque! ¿Qué haré? Porque no es solo el mal presente lo que me aflige, sino el pensar por dónde habrá de salir lo que coma. Este maldito Acradusio[456] ha cerrado la puerta a cal y canto. ¿Quién me traerá un médico? ¿Y cuál? ¿Cuál es el más entendido en esta especialidad de la obstetricia? ¿Quizá Aminón?[457] Pero no querrá venir. Buscadme a Antístenes[458] a toda costa: a juzgar por sus suspiros debe ser práctico en esto de estreñimientos. ¡Augusta Lucina,[459] no me dejes morir de esta obstrucción para ser después juguete de los cómicos![460]


CREMES.