Pero eran menos. En tanto el orador continuaba vociferando más y mejor, haciendo mil elogios de las mujeres y diciendo tempestades de ti.

BLÉPIRO.

¿Pues qué dijo?

CREMES.

Primero, que eras un bribón.

BLÉPIRO.

¿Y tú?

CREMES.

No me preguntes todavía... Después, un ladrón.

BLÉPIRO.