«Machacar ajos, con jugo de laserpicio y euforbio de Lacedemonia y untarte con ello los párpados a la noche», le contesto yo, si estoy presente.
CREMES.
Después de Neóclides, el ingenioso Eveón[467] se ha presentado desnudo, según creían los más,[468] aunque él aseguraba que llevaba manto, y ha pronunciado un discurso lleno de espíritu popular. «Ya veis, decía, que yo mismo tengo necesidad de ser salvado, y que me hacen falta precisa dieciséis dracmas;[469] sin embargo, no por eso dejaré de hablar de los medios de salvar a la república y a los ciudadanos. En efecto, si al principiar el invierno los bataneros suministrasen mantos de abrigo a los necesitados, ninguno de nosotros sería atacado nunca por la pleuresía. Además, propongo que los que carezcan de camas y de colchas, se vayan después del baño a dormir a casa de un curtidor, el cual, si se niega a abrir la puerta en invierno, debe ser condenado a pagar tres pieles de multa.»
BLÉPIRO.
¡Excelente idea! Pero hubiera debido añadir (y de seguro que nadie le contradice) que los vendedores de harina tendrán obligación de dar tres quénices a los indigentes bajo las más severas penas; así, al menos, Nausícides[470] podría ser útil al pueblo.
CREMES.
Luego ha subido a la tribuna un hermoso joven,[471] muy blanco y parecido a Nicias,[472] y ha principiado por decir que convenía entregar a las mujeres el gobierno de la república. Entóneos la muchedumbre de zapateros[473] empezó a alborotarse y a gritar que tenía razón; pero los habitantes del campo se opusieron vivamente.
BLÉPIRO.
Y les sobraban motivos, ¡por Júpiter!
CREMES.