PRAXÁGORA.
Me ha enviado a llamar una de mis amigas, que estaba con dolores de parto.
BLÉPIRO.
¿Y no podías habérmelo dicho antes de marcharte?
PRAXÁGORA.
Pero, marido mío, ¿había de dejarla sin asistencia en una necesidad tan urgente?
BLÉPIRO.
Bastaba una palabra. Aquí hay gato encerrado.
PRAXÁGORA.
¡No, por las dos diosas! Fui como estaba, porque me decía que acudiera a toda prisa.