BLÉPIRO.

¿Y por qué no llevaste tus vestidos? Lejos de eso te apoderas de los míos, me echas encima la túnica, y te largas dejándome como a un cadáver, salvo las coronas y los perfumes.

PRAXÁGORA.

Hacía frío y yo soy débil y delicada, y te cogí el manto por llevar más abrigo: además, marido mío, te dejé bien calentito bajo las colchas.

BLÉPIRO.

¿Y los zapatos lacedemonios y el bastón, para qué te los llevaste?

PRAXÁGORA.

Para defender el manto, cambié mis zapatos por los tuyos, y me fui a imitación tuya pisando con gran fuerza y golpeando las piedras con el bastón.

BLÉPIRO.

¿Sabes que te has perdido un sextario de trigo, que me hubieran dado en la asamblea?