¡Eso es, por Apolo! Esta decisión es eminentemente popular. ¡Mira que será mortificación para uno de esos vanitontos que llevan los dedos cargados de sortijas, cuando un viejo calzado con gruesos zapatones le diga: «Amigo mío, paso al más anciano; espera a que yo haya concluido; resígnate a ser plato de segunda mesa!»
BLÉPIRO.
Pero si vivimos de esa manera, ¿cómo podrá cada cual reconocer a sus hijos?
PRAXÁGORA.
¿Y qué necesidad hay? Los jóvenes creerán que son sus padres todas las personas de más edad.
BLÉPIRO.
Pero entonces, so color de ignorarlo, ¿no estrangularán sin ningún empacho a todo viejo,[480] cuando ahora lo hacen, sabiendo a ciencia cierta que son sus padres?
PRAXÁGORA.
Los presentes no lo permitirán. Antes a nadie le importaba que apaleasen a los padres ajenos; pero ahora todo el mundo, en cuanto oiga que ha sido maltratado un anciano, le defenderá en la duda de si será su propio padre.
BLÉPIRO.