Eso no sucederá; porque tendremos especial cuidado en dar copiosamente de todo a todos; de manera que cada cual se retirará del banquete, ebrio con su corona y su antorcha. Entonces las mujeres os saldrán al encuentro, cuando volváis del festín, diciéndoos: «Ven acá, tenemos una hermosa muchacha.» «Aquí hay una hermosa y blanca como la nieve —os gritará otra desde un piso alto—, pero antes es preciso que compartas mi tálamo.» Los hombres feos seguiréis a los jóvenes gallardos, exclamando: «¡Eh, tú! ¿a qué tanta prisa? No has de conseguir nada por mucho que corras; la ley nos ha concedido a los feos el derecho de prelación; y en tanto podéis entreteneros en el vestíbulo, jugando con las hojas de higuera.»[487] Vamos, dime, ¿no te agrada este sistema?

BLÉPIRO.

Muchísimo.

PRAXÁGORA.

Ahora tengo que ir a la plaza a recibir los bienes que vayan depositándose, y a escoger por heraldo una mujer de buena voz. Es un deber ineludible que me impone mi cualidad de jefe y la necesidad de proveer a la mesa común, si he de daros hoy, como pienso, el primer banquete.

BLÉPIRO.

¿Desde hoy ya?

PRAXÁGORA.

Sin duda. En seguida voy a suprimir las cortesanas.

BLÉPIRO.