CIUDADANO SEGUNDO.
Se te confundirá. ¿Crees que todo ciudadano que tenga un átomo de juicio ha de llevar nada? No estamos acostumbrados a dar: solo nos gusta recibir, en lo cual imitamos a los dioses. Para convencerte, no tienes más que mirarles a las manos: sus imágenes, cuando les pedimos dones y mercedes, nos alargan las manos vueltas hacia arriba; no en actitud de dar, sino de recibir.
CIUDADANO PRIMERO.
¡Miserable! Déjame cumplir con mi deber. ¿Dónde está mi correa?
CIUDADANO SEGUNDO.
¿Pero de veras lo vas a llevar?
CIUDADANO PRIMERO.
Sí, por cierto; mira, ya he atado este par de trípodes.
CIUDADANO SEGUNDO.
¡Qué locura! ¿Por qué no esperas a ver lo que hacen los demás, y después...?