VIEJA PRIMERA.
Pobrecilla, eres apasionada como una jonia,[512] y no me pareces novicia en los placeres de Lesbos.[513] Pero no podrás arrebatarme mis placeres, ni robarme un solo instante de las deliciosas horas que me pertenecen.
LA JOVEN.
Canta cuanto quieras y alarga el hocico por la ventana como una gata; a pesar de todo, nadie entrará en tu casa antes que en la mía.
VIEJA PRIMERA.
Si entran, será para llevarte a enterrar.
LA JOVEN.
Sería una cosa nueva, vieja podrida.
VIEJA PRIMERA.
No, por cierto.