UNA JOVEN.

¿Te has asomado a la ventana antes que yo, vieja podrida? Creías, sin duda, que estando yo ausente ibas a vendimiar la viña abandonada y a atraer alguno con las canciones. Si tú haces eso, yo también cantaré; pues aunque a los espectadores les parecerá gastado y fastidioso el procedimiento, no dejarán de encontrarlo algo cómico y divertido.

VIEJA PRIMERA.

Habla con ese carcamal y llévatelo. — Tú, mi joven flautista, coge tus instrumentos y toca una melodía digna de ti y de mí. Quien ame el placer, debe buscarlo en mis brazos. Las jovencitas carecen de la experiencia, dote de las ya maduras. Ninguna sabe querer como yo a mi amigo; a todas les gusta volar de flor en flor.

LA JOVEN.

No hables mal de las jóvenes: el placer reside en su cuerpo delicado y florece en su blanco seno. Tú, vejestorio, estás expuesta y embalsamada; solo la muerte te llamará: «amor mío».

VIEJA PRIMERA.

¡Ojalá pierdas la sensibilidad! ¡Ojalá no encuentres el lecho cuando quieras entregarte a un hombre![509] ¡Ojalá al ir a besarle estreches una víbora contra tu corazón!

LA JOVEN.

¡Ay!, ¡ay!, ¿qué haré? No viene mi amigo: estoy sola; mi madre ha salido, y de las demás me importa poco. — Nodriza mía,[510] llama a Ortágoras,[511] para que goces de los derechos de tu edad.