VIEJA TERCERA.
No, por aquí.
EL JOVEN.
Estamos en el caso del decreto de Canono,[535] pues tengo que partirme en dos para daros gusto. ¿Pero cómo he de poder manejar dos remos a un mismo tiempo?
VIEJA SEGUNDA.
Muy fácilmente, comiéndote un puchero de cebollas.[536]
EL JOVEN.
¡Ay de mí! ¡Ya estoy junto a la puerta!
VIEJA TERCERA. (A la vieja segunda.)
Nada conseguirás, porque entraré contigo.