LA CRIADA.
¿Adónde, adónde vas?
EL DUEÑO.
A cenar.
LA CRIADA.
Serás el último, por Venus. Sin embargo, mi señora me ha dicho que te lleve, y contigo a esas muchachas. Aún queda mucho vino de Quíos y otras mil cosas buenas. — ¡Ea, no tardemos! Los espectadores que nos favorecen, y los jueces imparciales, pueden venir también: les daremos de todo. Así, pues, di generosamente a todo el mundo, sin omitir a nadie, invitando a viejos, jóvenes y niños, que tendrán cena dispuesta para todos... si van a sus casas.
CORO.
Corro al festín, llevando mi antorcha con gracia. ¿Qué esperas tú? ¿Por qué no vienes con esas muchachas? Mientras bajas con ellas, yo entonaré un canto a propósito para abrir el apetito. Pero antes quiero dar al jurado un pequeño consejo. Que los sabios me juzguen por lo que en esta comedia hay de sabio, y los que gusten de chistes por los muchos chistes que en ella he derramado. Así, si no me engaño, me someto al parecer de todos. No me perjudique el haberme tocado en suerte ser el primero;[540] no lo olvidéis; y fieles a vuestro juramento, juzgad siempre con rectitud a los coros; no seáis como esas viles cortesanas que solo se acuerdan de lo último que han recibido.
SEMI-CORO.
¡Ya es hora, amigas mías! Ya es hora, si queremos concluir, de dirigirnos al banquete danzando. Partid y ajustad vuestros pasos al ritmo cretense.