Se me figura ver a alguno[583] sentado al pie del tribunal con su mujer y sus hijos y el ramo de olivo de los suplicantes en la mano, enteramente parecido a los Heráclidas de Pánfilo.[584]
CREMILO.
No, pobre hombre, yo enriqueceré solamente a los hombres honrados, ingeniosos y modestos.
BLEPSIDEMO.
¿Qué dices? ¿Tanto has robado?
CREMILO.
¡Oh, me matas con tus injurias!
BLEPSIDEMO.
Tú mismo corres a la muerte, según creo.
CREMILO.