CREMILO.
¿Un mal mayor? Sí... el no realizar nuestro proyecto.
LA POBREZA.
Ea, consiento en explicaros las razones que sobre el particular me asisten: os demostraré que yo soy la causa única de todos vuestros bienes, y el único sostén de vuestra vida: si no consigo probároslo, podréis hacer lo que queráis.
CREMILO.
¿Te atreves a decir eso, desollada?
LA POBREZA.
Déjame hablar; pues creo facilísimo demostrarte que vas por muy errada senda al tratar de enriquecer a los buenos.
CREMILO.
¡Vergas y garrotes! ¿Para cuándo os guardáis?