¡No vuelvo de mi asombro! ¿De dónde ha sacado esas invenciones? ¿En qué país se ha criado esa desvergonzada? Nunca hubiera creído que ninguna mujer se atreviese a contar, ni aun entre nosotras, semejantes atrocidades. Pero ya puede esperarse todo; tiene razón el proverbio antiguo: «Es necesario mirar debajo de todas las piedras, no se oculte algún orador pronto a picarnos.»[89] No hay nada peor que una mujer naturalmente desvergonzada, como no sea otra mujer.
MUJER TERCERA.
Por Aglaura,[90] amigas; habéis perdido el juicio, o estáis hechizadas, u os sucede otro grave mal, para dejar a esa peste insultarnos a todas. Si alguna de vosotras... pero no, nosotras y nuestras criadas nos encargamos de vengarnos; vamos a coger ceniza de cualquier parte, y a dejarla sin un pelo.[91] Así aprenderá a no hablar mal de las mujeres en lo sucesivo.
MNESÍLOCO.
¡Oh, no hagáis tal! Si en una asamblea donde todas las ciudadanas podemos exponer con toda libertad nuestras ideas he dicho lo que me parecía en defensa de Eurípides, ¿será justo que me condenéis a la depilación?
MUJER TERCERA.
¿Cómo no ha de ser justo castigarte? Tú eres la única que te has atrevido a defender a un hombre que ha colmado de oprobio a nuestro sexo; a un hombre que escoge de intento para argumento de sus dramas aquellos asuntos donde hay mujeres perversas, Fedras[92] o Melanipes[93], y nunca se le ocurre escribir sobre Penélope,[94] solo porque fue casta.
MNESÍLOCO.
Yo sé el motivo. Entre todas las mujeres del día no podréis encontrar una Penélope, y sí infinitas Fedras.
MUJER TERCERA.