LA POBREZA.
¿Adónde iré?
CREMILO.
A la horca; pero, ¡pronto, pronto!
LA POBREZA.
Algún día me llamaréis.
CREMILO.
Entonces volverás; ahora márchate. Prefiero ser rico, mal que te pese.
BLEPSIDEMO.
Y yo, por Júpiter, en cuanto me enriquezca quiero comer espléndidamente con mi mujer y mis hijos, salir del baño limpio y reluciente, y reírme en las barbas de los trabajadores y la pobreza.