¡Sin duda le darías asco!

CARIÓN.

¡Ca! Yaso,[605] que le seguía, fue quien se ruborizó, y Panacea[606] se apartó tapándose las narices, porque yo no huelo a incienso.

LA MUJER.

¿Y el dios?

CARIÓN.

No hizo caso.

LA MUJER.

De modo que le crees un grosero.

CARIÓN.