No; le creo aficionado a la basura[607] y nada más.

LA MUJER.

¡Ah, bellaco!

CARIÓN.

Después me metí en el lecho lleno de temor; el dios giró su visita, examinando con orden e interés a todos los enfermos, y luego un esclavo le trajo un matraz de piedra con su mano correspondiente y una cajita.

LA MUJER.

¿De piedra?

CARIÓN.

¡Por Júpiter! La caja no.

LA MUJER.